{"id":26728,"date":"2025-06-04T08:03:40","date_gmt":"2025-06-04T11:03:40","guid":{"rendered":"https:\/\/lametro989.com\/?p=26728"},"modified":"2025-06-04T08:03:40","modified_gmt":"2025-06-04T11:03:40","slug":"la-historia-de-amor-del-diplomatico-frances-que-fue-enganado-durante-20-anos-por-un-espia-chino-que-fingio-ser-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lametro989.com\/?p=26728","title":{"rendered":"La historia de amor del diplom\u00e1tico franc\u00e9s que fue enga\u00f1ado durante 20 a\u00f1os por un esp\u00eda chino que fingi\u00f3 ser mujer"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El artista chino vivi\u00f3 un romance con Bernard Boursicot que trabajaba en la embajada francesa en Pek\u00edn. La obra de teatro y la pel\u00edcula que inspir\u00f3 el romance<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"992\" height=\"558\" src=\"https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/image-41.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-26729\" srcset=\"https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/image-41.png 992w, https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/image-41-300x169.png 300w, https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/image-41-768x432.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 992px) 100vw, 992px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las tropas japonesas avanzaban por el este de\u00a0<strong>China<\/strong>\u00a0y el mundo estaba al borde de incendiarse. Era 1938, a\u00f1o del tigre en el hor\u00f3scopo chino. Pero en una casa silenciosa del viejo barrio de Dongcheng de\u00a0<strong>Pek\u00edn<\/strong>, un beb\u00e9 var\u00f3n abr\u00eda los ojos sin saber a\u00fan que su vida ser\u00eda una obra de teatro sin acto final. <strong>Shi Pei Pu<\/strong>\u00a0naci\u00f3 bajo el legado de la dinast\u00eda Qing. Su padre era un erudito, un funcionario civil que hablaba el idioma de los emperadores muertos y veneraba los textos cl\u00e1sicos como si fueran evangelios. En la casa hab\u00eda pocos juguetes, pero muchas palabras. Pei Pu aprendi\u00f3 antes a declamar poes\u00eda que a patear una pelota. Su madre, silenciosa, tocaba el la\u00fad y entonaba viejas baladas que le hablaban de mujeres que se disfrazaban de hombres para luchar en la guerra.\u00a0<strong>Mulan<\/strong>\u00a0no era una ficci\u00f3n. Era una ense\u00f1anza. \u2014Tienes la voz de un ruise\u00f1or \u2014le dijo una vez un maestro de \u00f3pera\u2014. No la malgastes hablando como los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una estrella de la \u00f3pera.  En los a\u00f1os cuarenta, Pei Pu se ingres\u00f3 en el mundo de la\u00a0<strong>\u00d3pera de Pek\u00edn<\/strong>. No le interesaban los papeles heroicos ni los generales. Lo fascinaban las danes: los roles femeninos, que s\u00f3lo pod\u00edan interpretar hombres. Imitaba sus movimientos, sus miradas de bamb\u00fa, sus lamentos modulados. Aprend\u00eda a desaparecer dentro de otra piel. En los entrenamientos, los maestros correg\u00edan con dureza: \u2014\u00a1El paso debe flotar, no pisar! \u00a1El cuello, recto como un junco! \u00a1La voz, quebrada como porcelana! Y Pei Pu obedec\u00eda. Porque sab\u00eda que no era un juego. Era una transformaci\u00f3n.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Bernard Boursicot junto al ni\u00f1o\" height=\"1080\" src=\"https:\/\/www.infobae.com\/resizer\/v2\/TAZBU25GVVAQXMIHENBW3P7UXU.jpg?auth=6bafce0ce48eb6c2b7c9e857e0d985d164a95ad9b1a967e21c36946f5d6bfb13&amp;smart=true&amp;width=350&amp;height=197&amp;quality=85\" width=\"1920\">Bernard Boursicot junto al ni\u00f1o chino que fue usado por Shi Pei Pu para enga\u00f1arlo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su padre murmuraba en voz baja que la pol\u00edtica no era para los artistas, que la&nbsp;<strong>Revoluci\u00f3n Cultural<\/strong>&nbsp;se avecinaba como una tormenta. Pei Pu no lo escuchaba. A los quince ya dominaba el arte de hablar como mujer. A los veinte, nadie pod\u00eda saber qui\u00e9n era realmente. En la&nbsp;<strong>China mao\u00edsta<\/strong>, esa ilusi\u00f3n ser\u00eda su mayor arma. Se pintaba los p\u00e1rpados con una precisi\u00f3n geom\u00e9trica, trazaba los labios de rojo, se envolv\u00eda en las sedas del personaje con la paciencia de un monje y la frialdad de un cirujano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed, bajo las luces opacas del&nbsp;<strong>Teatro de Pek\u00edn<\/strong>, Shi Pei Pu no era un actor. Era una mujer. El&nbsp;<strong>Partido Comunista chino<\/strong>&nbsp;lo observaba con suspicacia. La Revoluci\u00f3n Cultural lo encontraba inc\u00f3modo. No encajaba en el nuevo modelo de ciudadano: varonil, proletario y combativo. Pero \u00e9l segu\u00eda ah\u00ed, en escena, desafiando la ortodoxia con cada reverencia y cada falsete.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era un actor c\u00e9lebre ni un rostro de la televisi\u00f3n. Era m\u00e1s bien un secreto a voces en los c\u00edrculos cultos de Pek\u00edn. Un hombre que cantaba como emperatriz y que susurraba tragedias mientras el pa\u00eds gritaba consignas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Amor y enga\u00f1o con el diplom\u00e1tico franc\u00e9s<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La&nbsp;<strong>embajada de Francia en Pek\u00edn<\/strong>&nbsp;ol\u00eda a caf\u00e9 quemado y papel h\u00famedo. All\u00ed, entre radiogramas y formularios oficiales,&nbsp;<strong>Bernard Boursicot<\/strong>&nbsp;redactaba cada semana informes diplom\u00e1ticos dirigidos a&nbsp;<strong>Par\u00eds<\/strong>. Algunos eran triviales: el men\u00fa de un banquete oficial, los horarios del teatro municipal. Otros, no tanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1964,&nbsp;<strong>Boursicot conoci\u00f3 a Shi Pei Pu<\/strong>&nbsp;en una fiesta de Navidad. Conectaron de inmediato y pronto iniciaron una relaci\u00f3n amorosa secreta que dur\u00f3 20 a\u00f1os.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Shi Pei Pu maquillado para\" height=\"763\" src=\"https:\/\/www.infobae.com\/resizer\/v2\/CLWXJVAWBJHDDCUI5H4HXZH774.jpg?auth=69d03ff14e4e37333eac2637f7ab19ed57834dea8754424ba90ec77294634124&amp;smart=true&amp;width=350&amp;height=467&amp;quality=85\" width=\"600\">Shi Pei Pu maquillado para sus actuaciones en la \u00f3pera china<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la&nbsp;<strong>Revoluci\u00f3n Cultural de Mao,<\/strong>&nbsp;a los chinos se les prohibi\u00f3 mezclarse con extranjeros y, finalmente, Boursicot acept\u00f3 intercambiar secretos de embajada con el gobierno chino para poder seguir viendo a Shi. En 1983, el gobierno franc\u00e9s arrest\u00f3 a la pareja por espionaje. Fue entonces cuando finalmente se revel\u00f3 la verdad: Shi no era una mujer, como le hab\u00eda dicho a Boursicot durante el romance.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de entonces, los sobres comenzaron a salir de la embajada por rutas invisibles. Bernard los entregaba a una mujer en bicicleta, a veces los escond\u00eda en libros o detr\u00e1s del forro de su saco. Eran documentos internos, partes de inteligencia, nombres de diplom\u00e1ticos y rutinas de agregados militares. Nada crucial. Nada que pudiera volar un puente o empezar una guerra.&nbsp;<strong>Pero s\u00ed lo bastante para que los servicios secretos chinos se interesaran.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00c9l no lo hace por dinero \u2014dijo un agente que supervisaba el caso\u2014.&nbsp;<strong>Lo hace porque cree que ama a una mujer que no existe.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Shi Pei Pu no vest\u00eda uniforme. No usaba c\u00f3digos cifrados. No manipulaba armas. Su m\u00e9todo era m\u00e1s eficaz: la ficci\u00f3n. Cada carta de amor que Bernard recib\u00eda estaba escrita en papel perfumado, con caligraf\u00eda sinuosa, y firmada \u201cTu Pei\u201d. Dec\u00edan cosas como: \u201cNuestro hijo crece fuerte. Tiene tus ojos.\u201d O: \u201cCuando vuelva a tener tu calor, todo ser\u00e1 claro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia de ese ni\u00f1o \u2014Shilou\u2014 fue el anzuelo m\u00e1s cruel. Apareci\u00f3 de pronto, ya caminando, como un hijo entregado por el Estado. Shi lo present\u00f3 como prueba de que todo lo vivido era verdad. Bernard lo acept\u00f3. Le tom\u00f3 fotos. Las mostr\u00f3 como se muestra una herida que no se quiere curar.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"El documento del diplom\u00e1tico franc\u00e9s\" height=\"1080\" src=\"https:\/\/www.infobae.com\/resizer\/v2\/FAIJMNVVV5DPFF4YCHAV7IY2WA.jpg?auth=f2d9d170d85f70973950b5f89ce73981805c2ecac967b03173fcecdaa6cc5d5e&amp;smart=true&amp;width=350&amp;height=197&amp;quality=85\" width=\"1920\">El documento del diplom\u00e1tico franc\u00e9s que pas\u00f3 6 a\u00f1os en prisi\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, la&nbsp;<strong>Revoluci\u00f3n Cultural de Mao se instalaba en China.&nbsp;<\/strong>Intelectuales eran humillados en plazas, las \u00f3peras tradicionales se prohib\u00edan, y Shi sobreviv\u00eda gracias a su ambig\u00fcedad. A veces traduc\u00eda, a veces cantaba, otras simplemente desaparec\u00eda por d\u00edas. Nunca explic\u00f3 su v\u00ednculo con los servicios secretos, pero tampoco lo neg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Detenidos en Par\u00eds<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00f1os m\u00e1s tarde, ya en Par\u00eds, durante el juicio, Bernard fue interrogado por un psiquiatra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfY nunca vio sus genitales?\u2014No. Nunca quise mirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque si miraba, perd\u00eda todo.Crey\u00f3 m\u00e1s en el amor que en la l\u00f3gica. M\u00e1s en la fantas\u00eda que en la anatom\u00eda. Y por eso traicion\u00f3 a&nbsp;<strong>Francia<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La polic\u00eda irrumpi\u00f3 al amanecer. No hubo persecuci\u00f3n. No hubo armas. Shi Pei Pu fue arrestado en su departamento de Rue de Vaugirard. Boursicot en su despacho diplom\u00e1tico. No se dijeron nada. No se miraron. Los acusaban de espiar a Francia para el gobierno chino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero lo que estall\u00f3 en los diarios no fue el delito, sino el delirio. Los titulares de&nbsp;<strong>Le Monde<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Le Figaro<\/strong>&nbsp;dec\u00edan lo imposible: \u201cUn diplom\u00e1tico franc\u00e9s, enga\u00f1ado durante 20 a\u00f1os por un esp\u00eda que fingi\u00f3 ser mujer\u201d. El caso parec\u00eda un chiste cruel o un drama demasiado inveros\u00edmil para ser real. Y sin embargo, lo era.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo amaba a una mujer \u2014declar\u00f3 Bernard al primer juez que lo interrog\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Esa mujer era un hombre \u2014respondi\u00f3 el fiscal, sin levantar la voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El juicio fue un espect\u00e1culo. Las filas para entrar a la audiencia eran largas. Hab\u00eda cronistas, psicoanalistas, voyeurs, abogados de traje ajustado y mujeres con abanicos. Todos quer\u00edan ver al personaje que hab\u00eda burlado a un gobierno, a un amante, a una naci\u00f3n. Pero cuando Shi Pei Pu entr\u00f3 a la sala, no hubo disfraz. Ni kimono, ni pintura blanca, ni abanico. Solo un traje gris, un rostro quieto y una mirada que parec\u00eda recitar una \u00f3pera invisible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Nunca le dije que era mujer \u2014dijo\u2014. \u00c9l crey\u00f3 lo que quiso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los psiquiatras se multiplicaban. Nadie entend\u00eda c\u00f3mo pod\u00eda haberse sostenido una mentira tan f\u00edsica durante tantos a\u00f1os. Boursicot insist\u00eda en que nunca vio su cuerpo desnudo. Que el sexo fue siempre en la oscuridad. Que la ilusi\u00f3n era tan fuerte que no se anim\u00f3 a romperla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ni\u00f1o, Shilou, fue tra\u00eddo a declarar. Ya adolescente. Hab\u00eda sido adoptado, prestado, inventado. Su origen era otra parte del enigma. No era hijo biol\u00f3gico de ninguno. Pero estaba all\u00ed. De carne y hueso. Otro personaje atrapado en la obra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las condenas llegaron como notas disonantes: seis a\u00f1os para Shi, seis para Boursicot. El franc\u00e9s intent\u00f3 suicidarse en su celda con una navaja de afeitar. Lo salvaron a tiempo.Cuando sali\u00f3 de prisi\u00f3n, lo busc\u00f3. Lo encontr\u00f3 en Par\u00eds. Le declar\u00f3 su amor, pero Shi lo rechaz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La vida tras el esc\u00e1ndalo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El barrio XV de Par\u00eds no tiene nada de ex\u00f3tico. Hay supermercados, ni\u00f1os en bicicleta, jubilados en fila para comprar baguettes. Y sin embargo, en un apartamento modesto de Rue Blomet, viv\u00eda uno de los personajes m\u00e1s inexplicables del siglo XX. Shi Pei Pu, el esp\u00eda, el actor, el amante ambiguo, el inventor de un hijo inexistente, pasaba sus d\u00edas solo, sin maquillaje, sin p\u00fablico, sin pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Trabajo como traductor \u2014le dijo una vez a un periodista del&nbsp;<strong>New York Times<\/strong>, sin levantar la vista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Traduc\u00eda mandar\u00edn y canton\u00e9s. A veces colaboraba con empresas, a veces con abogados. Nunca hablaba del pasado, salvo cuando alguien lo reconoc\u00eda. Entonces sonre\u00eda, apenas, como quien recuerda un viejo papel que ya no interpreta.Viv\u00eda con poco. Nunca escribi\u00f3 memorias. Nunca apareci\u00f3 en talk shows ni vendi\u00f3 entrevistas. Cuando&nbsp;<strong>David Henry Hwang<\/strong>&nbsp;estren\u00f3 la obra \u201cM. Butterfly\u201d, inspirada libremente en su historia, Shi no fue al estreno. Cuando&nbsp;<strong>David Cronenberg<\/strong>&nbsp;dirigi\u00f3 la pel\u00edcula, tampoco la coment\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces, Bernard Boursicot lo visitaba. Tomaban t\u00e9. Hablaban de cosas banales. No hab\u00eda reproches. Ni ternura. Solo un v\u00ednculo ins\u00f3lito, que sobreviv\u00eda al esc\u00e1ndalo, al rid\u00edculo, al amor y a la c\u00e1rcel. Shi Pei Pu muri\u00f3 de c\u00e1ncer el 30 de junio de 2009, a los 70 a\u00f1os. No dej\u00f3 testamento. No ten\u00eda familia. Solo algunas fotograf\u00edas desva\u00eddas, recortes de prensa amarillentos y una \u00f3pera grabada en casete, donde canta con voz de mujer una escena de despedida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su funeral hab\u00eda pocas personas. Un diplom\u00e1tico retirado. Un vecino. Un periodista. Nadie llev\u00f3 flores. Alguien murmur\u00f3 que fue uno de los m\u00e1s grandes farsantes del siglo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El artista chino vivi\u00f3 un romance con Bernard Boursicot que trabajaba en la embajada francesa en Pek\u00edn. 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