{"id":35670,"date":"2026-01-16T11:45:54","date_gmt":"2026-01-16T14:45:54","guid":{"rendered":"https:\/\/lametro989.com\/?p=35670"},"modified":"2026-01-16T11:45:54","modified_gmt":"2026-01-16T14:45:54","slug":"lo-secuestraron-para-curarle-la-homosexualidad-sobrevivio-y-ahora-es-actor-porno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lametro989.com\/?p=35670","title":{"rendered":"Lo secuestraron para curarle la homosexualidad, sobrevivi\u00f3 y ahora es actor porno"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando Jean Pierre Rosero ten\u00eda 27 a\u00f1os, en Ecuador, su familia contrat\u00f3 a unos matones para que lo sometieran a un tratamiento de conversi\u00f3n. Estuvo cautivo hasta que, gracias a la denuncia de sus amigas, una fiscal lo liber\u00f3. Se exili\u00f3 a Buenos Aires, donde logr\u00f3 darle otro sentido al maltrato y la violencia que sufri\u00f3 de ni\u00f1o<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"992\" height=\"661\" src=\"https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/image-158.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-35672\" srcset=\"https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/image-158.png 992w, https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/image-158-300x200.png 300w, https:\/\/lametro989.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/image-158-768x512.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 992px) 100vw, 992px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Un hombre camina por el centro de Buenos Aires. Bajo la camiseta, el cuerpo mojado despu\u00e9s de entrenar horas en un gimnasio de la calle Lavalle. En el pecho, humedecida por el esfuerzo, una mariposa tatuada es el talism\u00e1n con el que se protege. Pasado el mediod\u00eda en esa zona de la ciudad todo es compra y venta, vocer\u00edo, peque\u00f1os robos, locales abandonados, parrillas que asan enormes pedazos de carne argentina para turistas, osos de peluche tama\u00f1o humano vendiendo regalos navide\u00f1os. Parado frente a la oferta turgente de una verduler\u00eda, de esas justo al entrar a un supermercado chino, Jean Pierre Rosero estudia la mercader\u00eda: planea una ensalada que acompa\u00f1e las dos milanesas de pollo ya compradas. Las cocinar\u00e1 en la freidora de aire en la que prepara toda su prote\u00edna. As\u00ed, sano, comeremos lo que \u00e9l prepare en su departamento, un dos ambientes, oscuro y limpio. Juntos. Juntos, igual que juntos entrenamos reci\u00e9n. Dos sobrevivientes de dos generaciones distintas. A salvo. Jean Pierre con el peso del hierro fundido acuciando los m\u00fasculos para solidificar hombros, pectorales, brazos. Jean Pierre, joven y hermoso, atento a su cuerpo, profesional. Y yo, maltrecho por los viajes, por el exceso de calor\u00edas y de alcohol, levantando pesos min\u00fasculos con mi talla el doble de voluminosa. Aun as\u00ed, despu\u00e9s de nuestro encuentro, cuando escapo de su departamento justo antes de que comenzara la grabaci\u00f3n de una producci\u00f3n porno con la excusa de mi nueva clase de nataci\u00f3n (a la que faltar\u00e9), me duelen los huesos, me duelen los hombros, los pectorales, el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>A Jean Pierre no parece dolerle nada. Este viaje diario al gym es de placer. Aqu\u00ed, en Buenos Aires, donde<strong>\u00a0vive refugiado<\/strong>\u00a0desde el 5 de agosto de 2023, se encontr\u00f3 con ese modo de sentir el cuerpo. El gran drama en su escuela primaria, adem\u00e1s del bullying diario, era la clase de gimnasia, la pesadilla del partido de f\u00fatbol donde le apuntaban con la pelota como a un objetivo militar, el empuj\u00f3n, la zancadilla. \u201cEs gracioso que cuando estuve secuestrado quer\u00edan conformar a mis amigos dici\u00e9ndoles que yo estaba bien, jugando al b\u00e1squet. No me gusta ning\u00fan deporte, m\u00e1ximo voy al gimnasio por una cuesti\u00f3n est\u00e9tica, pero ni nadar, que me gustaba, pude cultivarlo. O sea, a m\u00ed, la bicicleta me da miedo. Aprend\u00ed a pedalear como a los quince a\u00f1os, es decir, nunca aprend\u00ed\u201d. Aprendi\u00f3 tantas cosas Jean Pierre en ese escaparle a la masculinidad de sus pares. Tanto que aqu\u00ed est\u00e1, lejos, lo m\u00e1s lejos que pudo irse de Ecuador hace dos a\u00f1os y medio. El centro de Buenos Aires tiene un ambiente de feria. Pasando el obelisco, l\u00edmite de la ciudad a la que peregrinamos los \u201cdel interior\u201d y los migrantes latinoamericanos como Jean Pierre, el son urbano es el canto de los \u201carbolitos\u201d. Cambio d\u00f3lar, cambio, cambio, cambio, taladran como p\u00e1jaros al amanecer de una resaca. Lo cantan casi siempre varones, j\u00f3venes proletarios con sus ropas gastadas y planchadas; las melenas peinadas con gel, prestos para el intercambio de d\u00f3lares por pesos, ofertando lo nacional a cambio del c\u00e1liz al que le rinde culto este pa\u00eds m\u00e1s que ning\u00fan otro. Son los mismos d\u00f3lares que Jean Pierre compra cada vez que puede para cumplir su sue\u00f1o, s\u00f3lo que \u00e9l no va a las cuevas de su barrio, sino a sus cuentas en cripto, todo su capital en apps virtuales. Acumulando Jean Pierre lograr\u00e1 el departamento propio. No uno, dice. Dos, se propone. Porque aqu\u00ed, contra todos los pron\u00f3sticos, en el pa\u00eds de la eterna inestabilidad, Jean Pierre pudo so\u00f1ar. Es 19 de abril de 2023. Jean Pierre cumpli\u00f3 27 a\u00f1os. Termin\u00f3 la pandemia. Jean Pierre, asumido gay desde muy peque\u00f1o -en secreto como la inmensa mayor\u00eda de los varones homosexuales de Ecuador- , ya ten\u00eda su vida marica en una ciudad andina de conservadurismo colonial pero con su under de emancipaci\u00f3n y goce. Era un habitu\u00e9 de Spartacus, la disco gay, o de Mandr\u00e1gora, o de Jet, m\u00e1s paquis pero con onda. O de los after a los que s\u00f3lo se llega por invitaci\u00f3n. Siempre acompa\u00f1ado por sus amigas. Como Diana. O Pamela. Era un chico deseado. Amiguero, gracioso, emp\u00e1tico podr\u00edamos decir. Ten\u00eda amantes aqu\u00ed y all\u00e1: nada fijo, aventuras furtivas con hombres que, como \u00e9l, ni imaginaban una salida del closet. El artista Oscar Velasco tiene una edad parecida y lo recuerda adolescente, de unos 14 a\u00f1os, cuando\u00a0<strong>Jean Pierre<\/strong>\u00a0era \u201cun emo hermoso\u201d. \u201cFue un cruce de miradas. Yo llegaba con otro chico a coger a un departamento en Quito, y \u00e9l sal\u00eda de otro con sus padres. Nosotros baj\u00e1bamos de un ascensor. Recuerdo nuestra mirada c\u00f3mplice\u201d, dice Oscar. Jean Pierre luego pas\u00f3 por la carrera de publicidad en la universidad m\u00e1s prestigiosa de Quito, la San Francisco. Curs\u00f3 con Santiago Castellanos, el decano del Colegio de Comunicaci\u00f3n y Artes Contempor\u00e1neas, una c\u00e1tedra sobre teor\u00edas cr\u00edticas primero y otra sobre g\u00e9nero despu\u00e9s. \u2014Recuerdo perfectamente a<strong>&nbsp;Jean Pierre&nbsp;<\/strong>\u2014dice Castellanos en su oficina de la Universidad, en Cumbay\u00e1\u2014. En el examen, al medio de semestre, yo s\u00ed not\u00e9 que hab\u00eda un inter\u00e9s de \u00e9l en esas teor\u00edas, sobre todo en un texto de Jack Halberstam donde el autor plantea que las ni\u00f1as machonas son toleradas socialmente durante m\u00e1s tiempo, en cambio, la feminidad o desviaci\u00f3n de la masculinidad en ni\u00f1os es castigada y vigilada mucho antes. Eso fue un punto que desarroll\u00f3 especialmente. En su carrera no tuvo notas altas, pero en ese examen obtuvo una A. Entonces Jean Pierre no hab\u00eda salido del&nbsp;<strong>closet<\/strong>, supe que era gay s\u00f3lo mucho despu\u00e9s, cuando su rostro sali\u00f3 en todas partes porque hab\u00eda sido secuestrado para ser encerrado en una cl\u00ednica de&nbsp;<strong>deshomosexualizaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Halberstam, un acad\u00e9mico trans var\u00f3n, en su trabajo deja claro que ese control temprano sobre los ni\u00f1os produce formas m\u00e1s intensas de represi\u00f3n, patologizaci\u00f3n y correcci\u00f3n. A la misma edad a ambos, a Jean Pierre y a m\u00ed, en dos puntos de este continente inmenso; en el ombligo del mundo, el Ecuador; y en el culo del mundo, la Patagonia, nos dejaron claro que ser femenino, diferentes a los otros varones del mont\u00f3n, era pecado, verg\u00fcenza o enfermedad. Jean Pierre recuerda la mu\u00f1eca que no pod\u00eda mecer, los tacos que no se pod\u00eda probar, los golpes para aleccionar. En esa casa en el centro de Quito era su hermano cinco a\u00f1os mayor el que se\u00f1alaba su feminidad. Y era su padre el que castigaba: a veces a su madre, a veces a los tres. Con \u00e9l era peor porque lo sulfuraba que le pidiera atenci\u00f3n con esos modos; el moh\u00edn de un ni\u00f1o suele ser exasperante para un macho ebrio. Con el gesto marica se dispara el macho vengativo. El golpe es la pedagog\u00eda m\u00e1s com\u00fan. A m\u00ed,&nbsp;<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.infobae.com\/cultura\/2024\/03\/08\/testosterona-una-conmovedora-experiencia-personal-y-teatral\/\" target=\"_blank\"><u>a los seis a\u00f1os me dieron inyecciones de testosterona para masculinizarme<\/u><\/a>, hasta los ocho, al menos ocho veces. En mi caso el tratamiento de conversi\u00f3n de la homosexualidad fue temprano. En su caso, faltaba mucho tiempo para que lo intentaran, con otros m\u00e9todos.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que los a\u00f1os pasaban Jean Pierre logr\u00f3 sortear la resistencia de su familia y\u00e9ndose todo el tiempo que pod\u00eda. Part\u00eda a otras casas por temporadas. Desde los catorce lograba quedarse hasta una semana en la de una amiga. Cuando estudi\u00f3 en la San Francisco, a una hora de Quito, dorm\u00eda en departamentos de compa\u00f1eras de la universidad. Cuando comenz\u00f3 a trabajar lograba subarrendar cuartos en casas de amigos. Con la pandemia permanecer con su familia se le volvi\u00f3 insoportable y junto a una amiga se fueron un a\u00f1o a la playa de Monta\u00f1ita. Cuando algo estaba a punto de estallar, o cuando la relaci\u00f3n parec\u00eda romperse, Jean Pierre migraba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ellos no eran conscientes de que yo me escapaba, que no pod\u00eda soportar estar con mi familia, sino que pensaban simplemente que me quedaba por ah\u00ed trabajando o estudiando. Yo siempre fui as\u00ed, como que me iba y viajaba, me quedaba ac\u00e1 y me hac\u00eda amigo de alguien, luego iba para all\u00e1 y me hac\u00eda amigo de otra persona. Este ni\u00f1o nunca quiso estar en su casa \u2014dice Jean Pierre tomando la tercera persona para hablar de s\u00ed\u2014, siempre quiso lo que est\u00e1 viviendo ahora: vivir solo, vivir con su gato, a veces tiene que rebusc\u00e1rselas, a veces pelear por sus cosas, pero vive con su libertad. Y esa libertad yo s\u00f3lo la quer\u00eda porque en mi familia nunca me la dieron o siempre me trataron mal. Siempre sent\u00ed que nunca deb\u00ed estar ah\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Jean Pierre Rosero ten\u00eda 27 a\u00f1os, en Ecuador, su familia contrat\u00f3 a unos matones para que lo sometieran a un tratamiento de conversi\u00f3n. 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