Primero fue el fallecido papa Francisco y ahora parece que el Estado, su ancestral enemigo del que, sin embargo, se sirve para llevar adelante sus políticas económicas, sociales y represivas… Lo cierto es que los demonios que atormentan a Javier Milei pueden encarnar indistintamente en personas o instituciones, según le convenga.
Otra certeza es que “el maligno” lo persigue como si fuera su sombra, porque no deja de mencionarlo toda vez que amerita la ocasión; forma parte de los delirios místicos de los que el Presidente hace gala impúdica y públicamente.

