Todo sobre el grooming: el delito silencioso que acecha detrás de las pantallas y cómo prevenirlo

El psicólogo especializado en niñez y adolescencia Facundo Ermácora explicó cómo actúan quienes cometen grooming, cuáles son las señales de alerta y qué herramientas concretas pueden usar familias y docentes para prevenir situaciones de riesgo.

El avance del grooming volvió a quedar en el centro de la escena en Chaco tras dos casos recientes que encendieron alarmas sobre los riesgos que enfrentan niñas, niños y adolescentes en entornos digitales. 

Ayer, un hombre de 42 años fue detenido en la localidad de Charata por un presunto caso de grooming  contra una adolescente. Según consta en la investigación, el hombre se desempeñaba como consejero en una iglesia evangélica y habría enviado mensajes “románticos” y luego abiertamente sexuales a la menor, además de solicitarle fotografías explícitas y enviar imágenes de sus genitales.

En paralelo, durante los últimos días también tomó estado público una denuncia por presunto grooming contra un pastor evangélico de la ciudad de Barranqueras . El hombre permanece detenido mientras avanza la investigación judicial y, durante un allanamiento en su vivienda, la policía secuestró distintos dispositivos electrónicos. La causa comenzó a partir de la denuncia realizada por una adolescente junto a su madre. Según surge del expediente, la menor aseguró que venía recibiendo mensajes reiterados con contenido sexual e insinuaciones impropias a través de WhatsApp.

Aunque ambos casos todavía se encuentran bajo investigación judicial, reflejan una problemática que especialistas y organismos nacionales describen como creciente y cada vez más compleja.

En Argentina, el grooming es un delito penal tipificado en la Ley 26.904, sancionada el 13 de noviembre de 2013 . La norma incorporó el artículo 131 al Código Penal, que establece penas de seis meses a cuatro años de prisión “para quien contacte a una persona menor de edad mediante comunicaciones electrónicas o cualquier tecnología de transmisión de datos con el propósito de cometer delitos contra su integridad sexual”.

Un delito que crece en entornos digitales

Durante 2025, la Línea 145 recibió 2.200 denuncias vinculadas a trata y explotación de personas. De ese total, 716 reportaron presencia de niñas, niños y adolescentes, según un informe de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX). Además, hubo 41 denuncias relacionadas con producción, distribución o comercialización de material de abuso sexual infantil y otras 18 específicamente por grooming.

En paralelo, el Departamento de Cibercrimen de la Policía del Chaco informó que durante 2025 registró 2.959 actuaciones judiciales. Entre los delitos más frecuentes aparecieron las estafas virtuales, el phishing y también casos de grooming y extorsión dirigidos a menores.

Para entender cómo funciona este delito, por qué muchas veces pasa inadvertido y qué herramientas concretas existen para prevenirlo, DataChaco dialogó con el psicólogo especializado en niñez y adolescencia Facundo Ermácora.

¿Qué es exactamente el grooming?

“El grooming es un acto de acoso sexual llevado adelante por un adulto contra menores de edad, utilizando como medio distintos medios tecnológicos, como redes sociales, videojuegos, aplicaciones, entre otras”, explicó Ermácora. 

El especialista señaló que muchas veces cuesta detectarlo porque los adultos responsables no logran tener dimensión de lo que sucede en el entorno digital de los chicos. “En la mayoría de los casos es difícil detectarlo debido a la falta de acceso y control a los contenidos que consumen los menores en los dispositivos”, sostuvo. A eso sumó otro factor: “También influye la falta de control a nivel gubernamental del registro y la implementación de las plataformas digitales que en este momento están habilitadas”.

¿Cómo actúan quienes cometen este delito?

Lejos de la imagen tradicional de un desconocido agresivo, quienes ejercen grooming suelen construir una identidad falsa para mezclarse entre adolescentes y niños. “Las características con las que se presentan los adultos que ejercen este delito están relacionadas a los cambios de identidad al momento de interactuar con los niños y adolescentes”, explicó Ermácora. Según detalló, utilizan “otro nombre, otra edad y formas de comunicarse propias de los jóvenes”.

El proceso rara vez comienza con amenazas o pedidos explícitos. Primero aparece la construcción de confianza. 

“Se ha visto en diversos casos que las formas en las cuales estos adultos ganan la confianza del joven es mediante el uso de un lenguaje común de la etapa de la niñez y la adolescencia, y el conocimiento de los videojuegos y de los intereses que practican los jóvenes”, indicó.

El especialista describió que muchas veces los agresores se presentan como una especie de amigo virtual dispuesto a escuchar, acompañar o ayudar. “A partir de ello les resulta mucho más fácil comenzar con conversaciones más generales y después ir profundizando hasta mostrarse como empáticos e interesados por el día a día del menor”, señaló.

En videojuegos online, incluso, suelen ofrecer recompensas virtuales para generar cercanía. “Se regalan monedas virtuales, ropa para personajes o ayuda para pasar niveles. Eso ya es interpretado por el joven como alguien que lo está ayudando, pero el objetivo es acceder a otras cuestiones”, advirtió.

¿Por qué las redes y videojuegos facilitan este delito?

Para Ermácora, las plataformas digitales funcionan hoy como una puerta de acceso directa al mundo adolescente. “Es básicamente la forma en la que estas personas pueden camuflarse, hacerse pasar por un par más y así poder manipular y engañar al joven que desconoce con quién se está vinculando del otro lado de la pantalla”, afirmó. 

El crecimiento de espacios de interacción online, especialmente después de la pandemia, amplió los escenarios posibles. Ya no se trata sólo de redes sociales tradicionales: chats de videojuegos, transmisiones en vivo, aplicaciones de mensajería y comunidades virtuales son hoy ámbitos frecuentes de contacto.

¿Existe un perfil de víctima?

“No existe un perfil determinado”, aclaró el psicólogo. “Viendo las estadísticas y los casos, cualquier joven puede ser víctima de grooming”. Sin embargo, explicó que hay ciertos factores que pueden aumentar la vulnerabilidad. “Los jóvenes que tengan menos controles y menos comunicación con los adultos de referencia tienen más posibilidades de ser víctimas de grooming”, sostuvo. 

El especialista remarcó que el conocimiento del entorno social digital también es importante. “Si uno conoce los amigos con los cuales su hijo se vincula y de repente está hablando con una persona que conoció en las redes, esa puede ser una pequeña señal de alerta”.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Uno de los mayores problemas del grooming es que muchas veces las señales aparecen cuando la situación ya avanzó. “Cuando comienzan los contactos y el vínculo, el adulto quizás no se muestra como tal y el joven piensa que está hablando con un amigo”, explicó Ermácora.

La preocupación suele aparecer cuando empiezan pedidos de fotos, intercambio de información privada o amenazas. “Muchas veces los jóvenes son manipulados, engañados y amenazados”, señaló. En esos casos pueden surgir cambios emocionales o conductuales importantes.

“Cambios en los hábitos de sueño, alimentación, distracción, irritabilidad, bajo rendimiento escolar, tristeza, apatía o estrés excesivo son síntomas emocionales presentes como consecuencias de un acoso virtual”, detalló. 

También mencionó conductas específicas relacionadas al uso del teléfono. “Empiezan a estar más pendientes de lo que sucede con el celular y aparece una preocupación constante”.

¿Qué errores suelen cometer los adultos?

Para el especialista, uno de los errores más frecuentes es reaccionar desde el enojo. “La víctima acá es el menor”, remarcó. “El que fue engañado y estafado es el menor”. Según explicó, retar o culpar al joven puede empeorar la situación emocional y generar silencio. “Si uno aborda el tema desde el enojo y la impotencia se lo está revictimizando, marcando su culpa y su error”.

Ese tipo de respuestas puede hacer que la víctima deje de pedir ayuda o esconda situaciones futuras por miedo a castigos.

¿Prohibir los celulares sirve?

“Para nada sirve prohibir el uso de dispositivos como prevención”, respondió Ermácora de manera categórica. El psicólogo consideró que los celulares forman parte de la vida cotidiana de adolescentes y niños y que la estrategia debe centrarse en el acompañamiento y la educación digital.

“Lo prohibido es justamente lo que más se busca”, afirmó. “No funciona como método de protección”. En cambio, propuso fortalecer el diálogo y la confianza. “Hay que utilizar una comunicación acorde con el joven, generar confianza, respeto y enseñar a utilizar un dispositivo de forma correcta”. 

Datos de la ONG Grooming Argentina.

¿Cómo deberían hablar las familias sobre grooming?

Para Ermácora, la clave es naturalizar la conversación antes de que ocurra una situación de riesgo. “La mejor herramienta es una comunicación asertiva, amable, responsable y respetuosa”, explicó. El especialista comparó la prevención digital con cualquier otro cuidado cotidiano. “Así como uno previene que su hijo tenga frío o le dice que debe estudiar, también se deben prevenir las situaciones de grooming”.

Eso implica hablar del tema incluso cuando no hay señales de alarma, establecer límites acordes a cada edad y acompañar el uso de dispositivos. “No se trata de quitar un teléfono sino de hablar del tema para hacerlo presente y que aparezca como un cuidado más en el joven”, indicó.

También consideró importante el uso de herramientas de control parental y evitar dar autonomía total en edades tempranas. “Hay mayor cantidad de niños que adolescentes víctimas de grooming”, advirtió.

Recursos

La ONG Grooming Argentina presenta una serie de recursos dirigidos a padres y tutores para promover la prevención del grooming. A continuación, su guía de prevención para TikTok:https://docs.google.com/viewerng/viewer?embedded=true&url=https://www.datachaco.com/document/download/202724

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