El jefe de Gabinete, investigado por presunto enriquecimiento ilícito, dio explicaciones poco serias sobre su patrimonio. La actriz, devenida conductora de un programa de stream en Luzu, dio una fake news sobre el padre de Messi y tuvo que renunciar.

A estas horas, la prensa no tiene más remedio que ocuparse de dos escándalos que sacuden la ya ajetreada vida social de los argentinos. Uno de ellos acaba de ser protagonizado por la actriz Florencia Peña metida, sin saber, a manejar los delicados resortes del periodismo. Acaso atolondrada por la urgencia, por el afán de la primicia y por la codicia de todo principiante de obtener un ínfimo laurel, dio al aire desde Luzu, un canal de stream, la noticia, falsa, equivocada y sin confirmar o contrastar, de la muerte del padre de Lionel Messi.
La imprudencia, la ligereza que roza la insensatez, obligó a la familia Messi a dar un comunicado y a exponer un drama familiar que quería mantener en la discreción y el recato, además de provocar en todo el grupo familiar, sobre todo en el futbolista, que está lejos y enfrascado en su dolor y en la disputa del Mundial, un encontrado sentimiento de dolor, desazón y furia. El stream es como la victoria: no da derechos. La señora Peña pidió disculpas entre lágrimas tal vez sinceras. Las autoridades de Luzu la desvincularon de su plantilla de profesionales. Pero el daño causado es irreparable.
El segundo escándalo está centrado en la larga agonía en el poder del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por enriquecimiento ilícito, que enarboló en su defensa una serie de argumentos, de declaraciones juradas, de afirmaciones y relatos que no resisten el mínimo contraste, que se contradicen entre sí y que la prensa reflejó, sin remedio, a lo largo de los dos meses que lleva su también irreflexiva resistencia a dar un paso al costado, conducta que es la mínima que se pide a un funcionario público que atraviese tal trance.
Adorni cuenta, hasta ahora, con el apoyo irrestricto del presidente Javier Milei. Qué lleva a un estadista, y se supone que Milei es un hombre de Estado, a sostener a cualquier precio, inclusive al de perder una elección como admitió, a un funcionario muy cercano incluso en el afecto, que en el breve lapso que lleva como tal se enriqueció en dólares de origen todavía desconocido y cuestionado, es un misterio a dilucidar por la ciencia el día que analice la corrupción estructural que castiga a la Argentina.

El Presidente sostuvo y sostiene que no le va a “entregar” a su funcionario al periodismo, como si diera por hecho que el impulso que guía a la prensa es el de dictarle cuál debe ser su gabinete. Esa es una ya vieja estrategia que en su momento enarboló el entonces presidente Carlos Menem, sacudido por varios escándalos de corrupción que sería largo y tedioso enumerar. Tal vez la cercanía a la intimidad presidencial que tiene parte de la familia del expresidente, haya influido en esa visión un tanto esquemática del Presidente.
Es curioso que Peña y Adorni, cada cual su modo, con su estilo y por sus razones, hayan sido en especial durísimos con la prensa que ahora tiene que tratar sus escandalosos derroteros. La señora Peña lo hizo con los profesionales que no eran afines, o que ella creía que no eran afines, a su simpatía política ligada al kirchnerismo, una entidad política que, como el mileísmo, le adjudicó siempre a la prensa una actitud destituyente. Adorni fue con los periodistas, en especial con los colegas de Casa de Gobierno, arrogante, agresivo, destemplado y hasta despreciativo. Si bien esto no es criticable dado que el insulto y la extraña necesidad de humillar al otro está en el ADN libertario, es al menos reprobable.
La prensa debe ahora tratar las andanzas de Peña y de Adorni sin caer ya no solo en la sospecha del desquite, sino sin habilitar a que una y otro se consideren victimizados por la simple exposición en la prensa de sus propios yerros.
Para terminar, un leve llamado a la reflexión. El otro día, en la conferencia de prensa que dio el técnico Lionel Scaloni antes del triunfo del seleccionado por tres a cero frente a Argelia, el gran goleador de Boca, Martín Palermo, ahora encargado de cubrir el Mundial para una empresa de televisión, dijo al técnico: “No te voy a decir que te hablo como periodista…”
Calma, muchachos. Calma y no hagamos más tonterías.
