Un desvío imperceptible y una regla interpretativa revivieron a Portugal en el Mundial, en una jugada que combinó la precisión de la tecnología con el ojo humano.

El Mundial 2026 sumó una de las páginas más dramáticas y polémicas de su historia en Toronto. Portugal se clasificó a los octavos de final tras vencer por 2-1 a Croacia, gracias a los goles de Cristiano Ronaldo, de penal a los 68 minutos, y de Goncalo Ramos en el tiempo de descuento (90+4).
Sin embargo, el final del cotejo tuvo un desenlace escandaloso en el minuto 90+12, cuando Josko Gvardiol anotó lo que era el empate croata. Tras una agónica revisión, el árbitro Espen Eskas anuló el tanto por una posición adelantada detectada por la tecnología, desatando la furia de los futbolistas e hinchas balcánicos y asegurando el próximo cruce de los lusos ante España en Dallas.
Más allá de la decepción de ver a Luka Modric despedirse de las Copas del Mundo mientras Ronaldo sigue en carrera, el gran debate se centró en el procedimiento arbitral. Las preguntas que recorrieron el estadio y las redes sociales fueron unánimes: ¿La pelota tocó en el jugador de Croacia? y ¿por qué el árbitro principal acudió a la cabina del VAR a mirar la pantalla si la supuesta infracción fue un fuera de juego detectado por el chip de la pelota? Al tratarse de una herramienta puramente tecnológica y matemática que identifica roces imperceptibles para el ojo humano, teóricamente no requiere una interpretación en monitor.
La clave del misterio radica en la complejidad de la jugada y en el reglamento del fútbol. La tecnología detectó que el balón rozó levemente en la cabeza del croata Igor Matanović en su trayectoria. En diálogo con este medio, un exárbitro mundialista explicó que después del toque en el croata hay un desvío en el defensor portugués Renato Veiga. De acuerdo con su análisis, como el toque del defensor luso no fue una acción deliberada para jugar la pelota, sino un desvío fortuito, esto no habilitaba al atacante. Debido a que existió esa doble carambola, el VAR llamó al juez principal a evaluar la naturaleza del segundo contacto en la pantalla.
La contracara de la moneda expone las dudas que aún genera el fútbol supertecnológico. Otro exárbitro con experiencia en la Copa del Mundo le confió a este medio una óptica critica, al asegurar que las imágenes de televisión no muestran que el balón cambie de dirección, gire o roce, siendo algo que solo pudo ser detectado por la máquina. De todas formas, admitió que ante la evidencia del chip es muy difícil discutir. Esta dualidad provocó una lluvia de botellas desde la tribuna croata y un cierre crispado que transformó un gran partido de fútbol en un debate reglamentario sobre los límites de la intervención humana frente al software.
La polémica de hoy ya tenía un antecedente durante este Mundial, pero en una acción que no generó polémica por el desarrollo del marcador. Durante el partido entre Suecia y Túnez, cuando se jugaba el minuto 83m 30s Mattias Svanberg convirtió segundos después de su ingreso. El gol fue anulado primero por offside, pero convalidado a instancias del VAR a los 85m 41s luego de detectar un toque de su compañero Alexander Isak (4-1 para Suecia).
En ese compromiso, a diferencia de lo sucedido con Croacia, el árbitro Falcón Pérez no fue a la cabina porque la tecnología resolvió un hecho puramente fáctico (el toque de un compañero que habilitaba la acción), sin desvíos intermedios de un rival que obligaran a una evaluación humana.
LA ACLARACIÓN DE LA FIFA
Para esclarecer de manera definitiva la situación ante las constantes quejas del seleccionado conducido por Zlatko Dalić, el máximo organismo del fútbol mundial decidió emitir un comunicado oficial detallando los aspectos técnicos de la jugada. Según los datos proporcionados por la tecnología Connected Ball alojada dentro de la pelota Trionda, se demostró que hubo contacto por parte del número 20 de Croacia, Igor Matanović, en la jugada previa al gol contra Portugal. Esta información científica fue la que le permitió al árbitro determinar correctamente el fuera de juego y proceder a la anulación de la jugada en el cierre del encuentro.
La entidad detalló que los sensores IMU alojados dentro del balón oficial son capaces de detectar cualquier contacto leve, mostrado a los espectadores en la transmisión como un gráfico de latido cardíaco. Este sistema de alta definición es el que le permite a los oficiales del VAR contar con un nivel sin precedentes de datos para tomar decisiones rápidas y precisas en jugadas donde la vista humana resulta totalmente insuficiente.
