
La detección de los primerostres casos de BA.3.2, la variante de COVID que llegó a la Argentina,volvió a poner bajo observación la evolución de SARS-CoV-2 en Argentina.
Por ahora, no hay señales de un riesgo extra para la población, pero el hallazgo abrió una nueva instancia de seguimiento sobre una variante que muestra mayor distancia antigénica respecto de linajes recientes. En ese escenario, la atención también se posó sobre ARVAC, la vacuna desarrollada íntegramente en el país, y su capacidad de respuesta frente a este cambio del virus.
El Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) ubicó a BA.3.2 dentro de la categoría de Variante Bajo Monitoreo, en línea con la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y aclaró que hasta el momento no surgieron pruebas de que provoque cuadros más graves que otros linajes recientes.
Los casos detectados corresponden a personas residentes en la provincia de Buenos Aires y las muestras fueron tomadas entre el 26 de abril y el 18 de julio de este año. En ese período se secuenciaron 21 genomas y tres de ellos, el 14%, correspondieron a BA.3.2. Uno de los pacientes requirió internación por comorbilidades previas, aunque el parte oficial indicó que todos evolucionaron de manera favorable.
El foco no está hoy en una suba de casos ni en un cambio inmediato de recomendaciones, sino en otra cuestión: si esta variante del coronavirus consigue combinar escape inmunológico con capacidad real de expansión. Esa es la variable que siguen tanto el laboratorio Cassará, productor de ARVAC, como los organismos de vigilancia internacional.
Pero para el infectólogo Roberto Debbag, ex presidente y actual autoridad de comités de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE), la atención sobre la nueva variante también expone otro problema. “Hay un riesgo sanitario en la Argentina con la variante BA.3.2 y con las variantes anteriores por la falta de vacunación que existe”,

En la misma línea, Debbag sostuvo que la aparición de un nuevo linaje preocupa menos por una supuesta mayor gravedad intrínseca que por el terreno epidemiológico sobre el que aparece. “Vigilar que haya una nueva variante es preocupante, no por la variante, sino por la tasa de susceptibles que hay”, afirmó.
Esa mirada convive con la posición de Jorge Cassará, director del laboratorio Cassará, quien remarcó a Infobae que la detección local “no modifica el escenario epidemiológico actual”.
Ese planteo coincide con la revisión más reciente de la OMS, que describió a BA.3.2 como una variante inmunológicamente distinta de las que dominaron la circulación reciente, aunque sin evidencia, por ahora, de que haya logrado desplazar a los linajes predominantes.
Las respuestas de las vacunas
En ese contexto aparece la pregunta central para la Argentina: qué margen de respuesta puede ofrecer ARVAC si BA.3.2 o una variante emparentada ganara terreno. Cassará aclaró que todavía no hay resultados propios porque el linaje acaba de ser detectado en el país. Para obtenerlos, explicó, primero es necesario aislar el virus y después medir en laboratorio cómo lo neutraliza el suero de personas vacunadas con la formulación argentina.
“Ahora que el virus se ha detectado localmente podremos aislarlo, cultivarlo en áreas de bioseguridad y continuar con los estudios”, afirmó. Ese trabajo permitirá establecer con mayor precisión cuál es el nivel de protección que conserva la vacuna, sobre todo frente a enfermedad grave.
Debbag aportó una mirada favorable sobre esa plataforma. “Las vacunas proteicas, específicamente ARVAC, tienen una amplia cobertura para las subvariantes de Ómicron”, sostuvo. Y agregó: “Existe altísima probabilidad de que sea de las más inmunogénicas para la variante BA.3.2”.
Mientras esos ensayos avanzan, la evidencia revisada por la OMS aporta un marco de referencia. El organismo señaló que las vacunas actualizadas siguen elevando la respuesta de anticuerpos contra BA.3.2, aunque con niveles más bajos que los observados frente a otras variantes recientes. También precisó que todavía no existen estimaciones de efectividad clínica en escenarios donde BA.3.2 haya sido la variante predominante, por lo que buena parte de la evaluación sigue apoyándose en estudios de neutralización e inmunogenicidad.

La señal que podría cambiar el escenario es un aumento sostenido de la prevalencia
Por ahora, la discusión no pasa por una modificación inmediata de la estrategia sanitaria, sino por detectar a tiempo si BA.3.2 deja de ser una variante observada a distancia y empieza a ganar peso real en la circulación.
En ese sentido, Cassará planteó que “BA.3.2 dejaría de ser una variante bajo monitoreo si mostrara un aumento claro de prevalencia, algo que hoy no aparece en la tendencia observada a nivel local”. Y agregó que, para ello, “debería mutar generando una subvariante con mayor capacidad de replicación y contagio”.
Debbag introdujo allí una advertencia adicional sobre la capacidad de seguimiento. “Nunca lo vamos a poder saber, porque hoy en día la mayoría de las regiones sanitarias, municipios, gobernaciones no están testeando a los pacientes”, señaló.
Según su mirada, “hay tal subregistro en la Argentina que no se va a poder evidenciar realmente la carga de la enfermedad”. Hasta entonces, la recomendación vigente sigue centrada en sostener la vacunación anual de los grupos de riesgo mientras avanzan los estudios de laboratorio sobre el comportamiento de BA.3.2 en Argentina.
