
Nadie puede asegurar que la gestión anarcocapitalista esté en caída libre, pero las dificultades aparecen a cada paso y prometen agudizarse a la vuelta de la esquina, lo que complica las aspiraciones reeleccionistas de un Javier Milei cada día más encerrado en la Quinta de Olivos y solo contenido por su círculo más íntimo.
Ante ese preocupante escenario y las alarmantes perspectivas, desde el oficialismo buscan reforzar los acuerdos electorales con la mira puesta en 2027, especialmente con los aliados que hasta ahora no han puesto condiciones a su seguidismo.
Así, los principales referentes de La Libertad Avanza (LLA) volvieron a reunirse este jueves con sus pares del PRO, buscando garantizar un acuerdo para las elecciones presidenciales del año próximo que, sin embargo, todavía no está cerrado.
La nueva cumbre, la segunda de los últimos tiempos, tuvo lugar en Casa Rosada, donde por el Gobierno estuvieron el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el presidente de Diputados, Martín Menem, y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem.

Por las diezmadas huestes macristas asistieron el jefe del bloque en la cámara baja, Cristian Ritondo, y su compañero de banca, el secretario general del partido a nivel nacional, Fernando de Andreis, quien recientemente declaró que “tenemos que ir juntos con LLA para derrotar al peronismo”, luego de que otros macristas aventuraran la posibilidad de un candidato propio.
Qué negocian LLA y el PRO y en qué marco
Si bien la excusa del encuentro, en lo formal, fue “aceitar” la aprobación de proyectos oficialistas en el Congreso con la aceitada colaboración del PRO, puertas adentro se avanzó en “construir confianza” entre los aliados que repetirían la fórmula de cara a la reelección del Presidente, indicaron fuentes del partido amarillo.
Como se anticipó, todavía no hay garantías de una alianza como la sostenida en las legislativas del año pasado; pero todo iría “viento en popa”, agregaron las mismas fuentes, aunque en cierta medida condicionan la negociación al otorgamiento de candidaturas expectantes en distritos donde el PRO dice ser fuerte, como las provincias de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe.
Ambos, por cierto, enfrentan situaciones y problemas concretos de cara a un acto electoral vital para Milei y su cohorte: en el macrismo saben que su ascendencia sobre el electorado ha caído considerablemente, dependiendo de Milei como figura convocante, y en el mileísmo conocen sus importantes limitaciones en cuanto a influencia territorial, lo que todavía el PRO podría brindarles. Y en este marco negocian.
