DEVOCIÓN POR EL GAUCHO GIL: Fe “Le dije a los médicos que mi hijo no iba a quedar cuadripléjico”

Rosa, una mujer de Quitilipi, Chaco, contó a los enviados especiales de Sudamericana en Mercedes el calvario que vivió tras el violento asalto a su hijo y la promesa que hizo en el momento más desesperante. Los médicos habían sido muy duros con el diagnóstico, pero la fe cambió el rumbo de la historia.

El testimonio de Rosa llegó a los cronistas de Sudamericana en Mercedes. Como ella, miles de promeseros tienen un episodio de fe muy íntimo con el Gaucho Antonio Gil. Se vino desde Quitili, Chaco, para agradecer por la vida de su hijo Roberto.

En horas de la mañana de este jueves, la devota contó su historia de dolor, la incertidumbre y una fe que nunca se apagó. Su hijo, Roberto, fue víctima de un violento asalto mientras circulaba en moto. “Lo pararon en un semáforo, le robaron la moto, la mochila y hasta el guiso de arroz que llevaba para almorzar. Después de eso, le pegaron un tiro”, recordó. El disparo impactó cerca de la raíz de la oreja y las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras.

Los médicos fueron muy duros: Roberto quedaría cuadripléjico. “Me dijeron que iba a pasar al menos un año en una cama, sin poder moverse. Ya habían conseguido una silla de ruedas”, contó Rosa. Pero en ese momento, en medio del hospital y con el alma desgarrada, tomó una decisión que marcaría el destino de su hijo. “Con lágrimas en los ojos le dije al Gaucho Gil que eso no iba a pasar, que mi hijo no iba a quedar paralítico”.

Contra todo pronóstico, la evolución fue sorprendente. “A los cinco meses le dieron el alta”, relató. Hoy, Roberto tiene 48 años se mueve por sus propios medios y lleva una vida prácticamente normal y Rosa cree que pronto volverá a caminar, “gracias al Gaucho y San La Muerte”. Además, dijo: “Se corta las milanesas solo, come solo, mueve todo el cuerpo”, enumeró Rosa. Para ella no hay dudas sobre lo ocurrido. “Esto fue obra del Gaucho Antonio Gil y de San La Muerte”, afirmó, explicando que la fe forma parte de su historia familiar desde generaciones. “Mi abuela ya era devota y nosotros crecimos así, creyendo”.

Desde el santuario, rodeada de cintas rojas, velas encendidas y promesas, Rosa dejó un mensaje para otras madres que atraviesan momentos de angustia. “Así como muchas están llorando por sus hijos, yo quiero decirles que no pierdan la fe. El Gaucho Gil cumple”.

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