¿Cómo funciona el sistema de poder en Irán? 6 claves para entender por qué resiste tras la muerte de Alí Jamenei

La designación de Mojtaba Jamenei como líder supremo dejó entrever el complejo entramado institucional que por ahora garantiza la supervivencia de la República Islámica.

El asesinato del ayatolá Alí Jamenei ordenado Estados Unidos e Israel pareció, a primera vista, el golpe más duro al sistema de gobierno de la República Islámica desde la revolución de 1979. Durante casi cuatro décadas, el líder supremo concentró el poder político, religioso y militar del país, convirtiéndose en la figura central de una estructura que moldeó tanto la política interna iraní como su proyección regional. A diferencia de guerras anteriores, Washington y Tel Aviv esta vez no disimularon que el objetivo del bombardeo iniciado en la madrugada del 28 de febrero era debilitar —e incluso precipitar— un cambio en la cúpula del poder iraní. Sin embargo, la rápida designación del hijo del ayatolá fallecido, Mojtaba Jamenei, como sucesor sugiere que el sistema político de la República Islámica no depende exclusivamente de la figura del líder supremo, sino de una arquitectura institucional diseñada precisamente para preservar la continuidad del sistema incluso en momentos de crisis. “El nombramiento del hijo de Jamenei envía un mensaje claro al exterior: el sistema cierra filas, no se está derrumbando”, señaló Ali Vaez, analista del International Crisis Group, en diálogo con AFP, al interpretar la sucesión como una señal dirigida tanto a la población iraní como a los actores externos que en las últimas semanas especularon con la posibilidad de un colapso político tras la escalada militar en Medio Oriente.

A diferencia de otros sistemas políticos personalistas de la región, la República Islámica se sostiene sobre una amplia red de instituciones que combinan autoridad religiosa, estructuras políticas formales y un aparato militar ideológico que se consolidó desde la revolución de 1979. Ese entramado explica por qué el sistema ha atravesado décadas de sanciones internacionales, protestas internas y tensiones regionales sin que su arquitectura de poder se desmorone. 1. El líder supremo, vértice del sistema

En el centro de esa estructura se encuentra el líder supremo, la máxima autoridad política y religiosa del país, cuya figura quedó institucionalizada tras la revolución encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini y que concentra atribuciones que exceden ampliamente a las de un jefe de Estado convencional.

Además de ejercer el mando sobre las Fuerzas Armadas, el líder supremo define las grandes líneas de la política exterior, supervisa los organismos de seguridad y designa a una parte significativa de los funcionarios que ocupan posiciones clave dentro del aparato estatal, incluidos los responsables del poder judicial y los altos mandos militares.

Aunque Irán cuenta con un presidente y un parlamento elegidos por voto popular, esas instituciones operan dentro de los límites establecidos por el liderazgo clerical, lo que convierte al sistema político iraní en una estructura donde la autoridad religiosa conserva la última palabra sobre las decisiones estratégicas del Estado.

Alí Jamenei, líder supremo de Irán
Alí Jamenei. Fue líder supremo de Irán desde 1989 hasta su asesinato el 28 de febrero de 2026.

2. Los guardianes “morales” del sistema

Debajo del líder supremo funciona un entramado institucional diseñado para preservar el carácter ideológico de la República Islámica. Uno de los órganos centrales del sistema político iraní es el Consejo de Guardianes, compuesto por 12 miembros: seis clérigos designados directamente por el líder supremo y seis juristas nominados por el jefe del Poder Judicial y posteriormente aprobados por el Parlamento.

Este organismo cumple un rol clave dentro de la arquitectura institucional de la República Islámica, ya que tiene la facultad de revisar todas las leyes aprobadas por el Majlis para verificar su compatibilidad con la Constitución y la ley islámica, además de supervisar los procesos electorales y aprobar o vetar a los candidatos que pueden presentarse a cargos públicos. En paralelo opera la Asamblea de Expertos, el órgano compuesto por 88 clérigos chiitas elegidos cada 8 años por voto popular que se encarga de elegir al líder supremo y, al menos en teoría, supervisar su desempeño. En medio de los bombardeos de Tel Aviv y Washington, la asamblea designó como nuevo ayatolá al clérigo Mojtaba Jamenei, de 56 años, una semana después de la muerte de su padre.

Para el investigador Clément Therme, del Instituto Internacional de Estudios Iraníes de Francia, detrás de la elección del hijo de Alí Jamenei, quien tiene estrechos lazos con la Guardia Revolucionaria iraní, existe también un peso simbólico dentro del sistema político iraní. “Conservar el apellido Jamenei es muy importante para la propaganda del sistema”, explicó. 3. El aparato militar: Guardia Revolucionaria y Fuerzas Quds

Más allá del organigrama estatal, la continuidad del sistema de gobierno iraní basado en la ley islámica descansa especialmente en su aparato de seguridad. Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGG, por sus siglas en inglés) , creada tras la revolución de 1979 para garantizar el cumplimiento del nuevo orden islámico a nivel interno, se convirtió con el tiempo en uno de los actores más poderosos, llegando a influir tanto en la política como en la economía y la estrategia militar de Irán. Funciona en paralelo al Ejército regular y se estima que tiene cerca de 200.000 integrantes.

Dentro de la estructura militar iraní también se desprenden las Fuerzas Quds, la unidad de operaciones exteriores del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Este cuerpo especial de inteligencia se encarga de coordinar la proyección regional de Irán, desde Hezbolá en Líbano hasta distintos grupos en Irak, Siria o Yemen, lo que la convirtió en una pieza central del predominio persa en la región. En 2019, el presidente estadounidense Donald Trump incluyó al IRGG en la lista de organizaciones terroristas extranjeras de Estados Unidos, una medida inédita contra una fuerza militar estatal que fue criticada por Teherán. Mientras que, en 2020, ordenó el asesinato del jefe de las Fuerzas Quds, Qasem Soleimani, en el aeropuerto de Bagdad. En la misma línea, en 2025 el gobierno argentino de Javier Milei adoptó una decisión similar al declarar a esa estructura militar como organización terrorista en el país.

Para Bernard Hourcade, especialista en Irán del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), el ascenso de Mojtaba Jamenei refleja precisamente el peso creciente de los sectores más duros del sistema político iraní. “Es un hombre en manos de los más radicales, que son quienes dirigen la guerra”, opinó.

Alí Jamenei, líder supremo de Irán

4. República y elecciones bajo supervisión clerical

Dentro de esa arquitectura institucional también operan las estructuras republicanas del Estado iraní. El presidente —elegido por voto popular— dirige la administración del gobierno y gestiona la política económica, mientras que el parlamento de 290 miembros, conocido como Majlis, legisla y aprueba el presupuesto. En tanto, el ayatolá opera como jefe de estado y el Presidente como jefe de gobierno.

Sin embargo, ambas instituciones funcionan dentro de un sistema donde las decisiones estratégicas quedan subordinadas a los organismos clericales. Cuando surgen disputas entre el parlamento y el Consejo de Guardianes interviene el Consejo de Discernimiento, un órgano que actúa como mediador institucional y asesora al líder supremo. El resultado es un sistema híbrido en el que conviven instituciones electivas con una jerarquía religiosa que conserva la última palabra sobre las decisiones estratégicas del Estado. 5. ¿Puede cambiar algo?

Aunque la continuidad institucional de la República Islámica parece asegurada en el corto plazo, algunos analistas señalan que el factor generacional podría introducir ciertos cambios en el funcionamiento del sistema, considerando que el último líder supremo, de 86 años, llevó las riendas del país durante más de tres décadas marcadas por la devastadora guerra con Irak, el desarrollo del programa nuclear y las sanciones internacionales que asfixiaron la economía.

Said Chaya, politólogo y director del Núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral, consideró que el recambio podría abrir la puerta a ajustes graduales dentro del sistema político iraní. “Habrá cosas que van a cambiar con un líder 20 o 30 años más joven. Puede generar reformas, pero no creo que implique un cambio radical en la posición de Irán frente al mundo”, afirmó el experto desde sus redes.

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Protestas en Irán. El escenario bélico dejó entrever la polarización política en el país persa.

6. Continuidad en medio de la guerra

A diferencia de junio de 2025, en la operación conjunta “Furia Épica” ni Estados Unidos ni Israel disimularon el objetivo detrás del ataque del 28 de febrero: forzar un cambio político en Irán. El asesinato de Alí Jamenei un día después encendió las dudas sobre la supervivencia de la República Islámica, pero la rápida sucesión también dejó entrever uno de los rasgos más singulares del sistema político iraní: su capacidad para preservar la continuidad de la República Islámica incluso cuando cambia la figura que ocupa la cúspide del poder.

Aunque el nuevo líder todavía no tenga el peso religioso y político que tuvo su padre, el entramado institucional —desde el Consejo de Guardianes hasta la Guardia Revolucionaria— continúa funcionando como el verdadero sostén del sistema de gobierno iraní a nivel interno, en medio de una creciente polarización sobre el futuro político del país y teniendo como antecedente la feroz represalia de las protestas en las ciudades.

En un contexto marcado por la guerra regional, las sanciones internacionales y la presión diplomática de Occidente, esa arquitectura política puede resultar decisiva para explicar por qué la República Islámica logra sostenerse incluso después de perder al líder “anti imperialista” más influyente de las últimas décadas.

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