SALUD Y PREVENCIÓN

¿El detox sirve?: mitos y realidades para cuidarse tras los excesos de las fiestas

Qué pasa realmente en el cuerpo tras las comidas abundantes y el alcohol, y por qué los planes detox de pocos días no son la solución rápida que prometen.

1 de Enero, 2026

El 2026 finalmente llegó. Arrancó enero y pasa lo mismo de siempre: balances, listas de propósitos, y el clásico operativo “detox” que incluye jugos verdes, tés depurativos, ayunos extremos y promesas de un reseteo total en 72 horas que aparecen como una suerte de penitencia después del vitel toné y el pan dulce. 

La idea suena tentadora: excesos en diciembre, limpieza en enero. Pero, como explican especialistas de la salud, el organismo no funciona en modo “borrón y cuenta nueva”, ni necesita castigos para recuperarse.

Las fiestas suelen combinar comidas más abundantes, alcohol, poco sueño y sedentarismo. El resultado se siente: pesadez, acidez, hinchazón, cansancio, boca seca. Se trata de molestias reales pero que no son síntomas de “intoxicación” en sentido clínico. En la mayoría de las personas sanas, el cuerpo tiene capacidad para reacomodarse si se retoman hábitos más ordenados.

Los verdaderos “detox” trabajan en silencio todo el año y son los órganos internos: el hígado transforma sustancias potencialmente dañinas en compuestos eliminables y los riñones filtran la sangre, excretando desechos mediante la orina. Mientras que el intestino, los pulmones y la piel también participan en la eliminación y transformación de residuos

Estos sistemas no se apagan en las fiestas ni se “encienden” con planes exprés. Pueden verse exigidos cuando los excesos se vuelven crónicos, no por un par de brindis y una mesa abundante.

La evidencia disponible no respalda que los planes detox de pocos días mejoren de manera mensurable la función del hígado o los riñones en personas sanas, ni que “arrastren toxinas” como prometen muchos productos. 

Año Nuevo sin extremos: ordenar, no castigar

Después de una cena pesada, el objetivo no es pagar con ayunos, sino volver gradualmente a la rutina. Si el apetito aparece más tarde, retrasar una comida puede ser razonable; si se desayuna, conviene que sea liviano. La clave es escuchar el cuerpo sin convertirlo en campo de batalla.

Las dietas líquidas, los ayunos prolongados y los desafíos restrictivos “de enero” pueden generar mareos, irritabilidad, mal descanso y pérdida de masa muscular, además de reforzar la idea de que comer “se paga” con sufrimiento. 

Hidratación: la protagonista silenciosa para sentirte mejor

Después de alcohol, sal y calor, el cuerpo pide algo muy básico: agua. Ayuda a la función renal, mejora el tránsito intestinal y reduce la sensación de pesadez. No hace falta forzar cantidades abundantes ni fórmulas caseras mágicas; atender la sed y observar una orina clara es una guía simple y suficiente. 

Si la idea es ponerle más onda, se puede sumar agua saborizada naturalmente con rodajas de frutas o hierbas frescas. Las bebidas azucaradas y los jugos industrializados suman calorías y aditivos que no ayudan en este escenario.

¿Sirven los jugos “detox”?

Aumentar el consumo de frutas y verduras es una buena noticia. Convertir los jugos en único alimento durante días, no tanto, ya que aportan muy poca proteína, casi nada de grasas saludables, reducen la sensación de saciedad y empobrecen el aporte de fibra intacta.

La baja rápida de peso suele deberse a agua y glucógeno, no a eliminación de “toxinas”. Y vuelve apenas se retoman las comidas habituales.

Pastillas, tés “depurativos” y otras promesas 

Muchos productos combinan laxantes o diuréticos suaves. Eso puede aumentar la orina o acelerar el tránsito intestinal, generando una sensación subjetiva de “limpieza”, que no equivale a desintoxicación. Además, algunos suplementos pueden interactuar con medicación o provocar efectos adversos como barrer la flora intestinal que es clave para el sistema inmunológico. Natural no significa necesariamente que sea inofensivo; tampoco necesario.

Lo que sí ayuda después de las fiestas

Si “detox” se entiende como darle un respiro al cuerpo, lo que funciona es lo más sencillo:

  • Ordenar los horarios de comida, sin saltearlas como castigo.
  • Priorizar porciones moderadas y preparaciones simples por algunos días.
  • Sumar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
  • Reducir alcohol y ultraprocesados.
  • Hidratarse adecuadamente.
  • Mover el cuerpo de forma regular.
  • Recuperar horarios de sueño más estables.

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